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Sonia Calero, la musa rumbera

Cuba ha sido –y sigue siendo– un país pródigo en artistas de gran talento, que, entre otras cosas, le han dado al mundo numerosos ritmos musicales como el danzón, el mambo, el chachachá, el son –la base de “la salsa” –, el bolero, el guaguancó y la rumba, género último éste que hasta generó un adjetivo estereotipado para designar a Cuba: “la Isla Rumbera”.
Sonia Calero, la reina indiscutible de esa rumba sensual y cálida que adjetiviza a la tierra que la vio nacer – un 21 de agosto de un año muy afortunado–, es, al igual que su patria, mucho más que una rumbera.
Bailarina, coreógrafa y profesora, estuvo casada con el gran coreógrafo Alberto Alonso por más de cuatro décadas –fue también su musa– hasta su fallecimiento en diciembre del 2007, quien creó varias de sus obras especialmente para ella, como el ballet El solar, con el que Sonia se paseó por numerosos teatros de Europa con gran éxito, al punto de que en Moscú Maya Plisétskaya se acercó a Alberto después de la función, muy impresionada con la actuación de Sonia, para pedirle que montara Carmen para ella, y así fue que nació este genial ballet.
Capaz también de interpretar otros roles del repertorio del ballet clásico, su “madre de Giselle” y su “nodriza de Julieta” permitieron ver a esta gran artista trascender más allá de su rumba emblemática para convencer a los más exigentes, como al prestigioso crítico inglés Arnold Haskell, quien quedó fascinado con su baile en el Festival Internacional de Ballet de La Habana en 1967.
Para Sonia y Alberto, su estancia en Gainesville, Florida, ha sido una etapa muy importante de sus vidas.
Allí, entre otras muchas cosas, se produjo la película sobre Alberto Dance of My Heart, bajo la dirección de Ricardo Acosta, que se presentó en el Festival de Cine de Toronto, Canadá; en el Gainesville Latino Film Festival del 2008, y en La Habana, Cuba, con motivo del 30 Festival Internacional del Nuevo Cine Latinoamericano.
Sonia continúa en activo, dando clases de danza a sus privilegiados alumnos, como exponente y continuadora del importante legado de sí misma y de su amado esposo.
Con motivo del homenaje que el gobierno y el XVI Festival Internacional de Ballet de Miami han acordado ofrecerle el 27 de agosto del 2011 –en el que el alcalde Tomás Regalado le entregará las llaves de la ciudad– Sonia Calero, fresco aún en la memoria su montaje en Miami del ballet Carmen, accedió a concederme una entrevista, para conocer más detalles de la vida y la carrera de esta musa de la rumba y de la cultura cubanas.

¿Cómo comenzó esta poco convencional historia de amor, entre un coreógrafo de ballet clásico y una rumbera sensual y extrovertida como tú?

Es imposible hablar de mí sin mencionar a Alberto Alonso, y te voy a explicar por qué.
Cuando yo tenía 11 ó 12 años hice una audición para estudiar ballet en el Conservatorio Municipal de Música, cuyo director era Alberto, y él me aceptó. Como a los dos años tuve la oportunidad de ir a Pro-Arte, donde Alberto era también el director, porque querían reponer un ballet suyo, y Alberto me pidió que bailara porque necesitaba dos bailarinas altas y dos bajitas, y yo a los trece años clasificaba en la segunda categoría; fue un trabajo enorme, de mucha práctica. Allí participé también en otros ballets como Orfeo, El gallo de oro, y muchos más que ya no recuerdo, y bailé en Las sílfides, no estoy segura si con Pro-Arte o con Alicia y Fernando…

¿Y cuándo y cómo la rumba llegó a Sonia Calero para seducirla, o cómo Sonia Calero llegó a la rumba para conquistarla?

Alberto siempre tuvo la preocupación de desarrollar un estilo de danza “cubano”; tanto es así, que intelectuales como Fernando Ortiz y pintores como Carlos Enríquez se reunieron con Alberto en casa de Bola de Nieve (Ignacio Villa) para hablar y obrar en ese sentido, ahondando en las raíces afro de la cultura cubana sin olvidar su herencia hispana.
Cuando comenzó la televisión, nombraron a Alberto como director del Ballet de la CMQ, y allí él tuvo la oportunidad de desarrollar ese estilo de danza cubano de que te hablaba. Y como es precisamente la rumba uno de los principales ritmos y bailes que surgen de ese sincretismo entre lo español y lo africano –fiel exponente del espíritu de fiesta y del desenfado que caracterizan al cubano–, y yo –según mi mamá– bailaba en sus brazos al sonido de cualquier música popular, no vacilé en entregarme en cuerpo y alma a ese proyecto, e inmediatamente surgió una química artística muy profunda entre nosotros, y de ahí en adelante todo fue trabajar sobre la base de nuestras costumbres para encontrar una estilización coreográfica de la forma cubana de bailar lo popular, sin perder nada de nuestras raíces, donde yo fui su musa y su modelo, y después surgió el amor.
Como – te repito– yo bailaba muy bien desde pequeña los bailes populares, incluyendo por supuesto la rumba, logramos darle un realce y una belleza a esta manifestación de la cultura popular que fue muy bien recibida por la crítica desde el principio, que comenzó a llamarme “la bailarinita” (porque no se me anunciaba) hasta que la propia emisora ordenó que se me diera el crédito debido. Así comenzaron los reconocimientos, y Alberto creó El solar, La guagua…, para mí; en fin, fue una gran fiesta de todo lo cubano…

¿Fuiste víctima de los prejuicios de la sociedad y del medio artístico por descollar en un género tan “callejero” y de pueblo como la rumba?

Por supuesto que cuando alguien quiere rebajarte puede que diga “rumbera” en tono despectivo, pero lo que han conseguido es que yo tenga más valor como bailarina al no haberme encasillado sólo en ese género; no es que me detenga a pensar en esas cosas, porque cuando me presenté en el teatro Olimpia de París con La rumba, en cuanto se abrió la cortina y aparecí yo hubo muchas exclamaciones admirativas de “¡Oh, la,la!”, y al final, después de muchos aplausos, alguien gritó: “¡Inolvidable!”, y por supuesto, la semblanza de Arnold Haskell –el crítico inglés de ballet, uno de los más importantes del mundo–, donde dice de mí que soy “una superparadoja; orgullosa y atrevida, primitiva y clásica”(…) “su rumba es un drama, la historia de Eva, legendaria y moderna, nacional e internacional”; y “Sonia es para Cuba lo que Pastora Imperio fue para España”, aunque de veras que, para mí, el presentarme en un escenario y bailar y recibir el aplauso del público siempre ha sido el momento más importante de mi carrera.

¿Cuál fue la reacción de tu cuñado Fernando y de su esposa Alicia ante la noticia de tu compromiso con Alberto?

Fernando y Alicia nunca se metieron en eso, en si yo tenía o no una relación con Alberto; lo cual era muy de él y mío, de nadie más.

¿Qué recuerdos guardas de tu paso por el Ballet Nacional de Cuba, donde “la rumbera” se creció como bailarina de carácter?

Cuando regresamos de la gira por Europa con El solar
–donde Maya le pidió a Alberto que le creara Carmen –destituyeron a Alberto como director del Teatro Musical de La Habana y del Conjunto Nacional de Espectáculos porque bajó una orientación (sic) que decía que “para ser director de un grupo había que ser del partido” (comunista), y entonces pusieron a un miembro del partido que era sastre, y Alberto por supuesto renunció, y yo detrás de él.
Alicia y Fernando hablaron con Alberto para que fuéramos para el Ballet Nacional de Cuba con ellos, y por supuesto que el BNC salió ganando, pues de ahí en adelante surgieron ballets como Carmen, El güije, Diógenes ante el tonel, Un retablo para Romeo y Julieta, Conjugación, entre muchos otros.
Recuerdo que en El güije yo hasta hablaba, y que fue un éxito en Europa, mientras que Diógenes… Loipa Araújo fue quien lo estrenó, y yo tuve una participación muy destacada, aunque se puso sólo dos veces, en el estreno y en Canadá, con un éxito rotundo; en Un retablo… yo bailé con un estilo que no era el clásico, y Alicia por supuesto hizo la Julieta. Pienso que todos estos ballets fueron demasiado vanguardistas…
Yo realmente guardo grandes recuerdos de mis compañeros del B.N.C.; claro que cuando yo entro al ballet estaba consciente de que iba a estar con grandes bailarinas clásicas, como Mirta Plá, Josefina Méndez, Loipa Araújo y Aurora Bosch –y después vinieron otras generaciones–, por lo que debo confesar que yo practicaba como nadie se imagina, aunque nunca competí con ninguna de ellas como bailarina clásica –que no lo era–, pero en los ballets de líneas modernas –y artísticamente– yo sí era muy buena, y desde Alicia y Fernando hasta el ultimo bailarín del cuerpo de baile me respetaban muchísimo. Como bailarina, participé en todas las giras con el B.N.C.

¿Cuál consideras que ha sido el mayor logro de tu carrera y de tu vida?

El mayor logro de mi vida ha sido haber conocido al hombre más inteligente, más honesto, más amoroso; con quien concebí una familia: un hijo maravilloso, así como un nieto encantador. Alberto fue un gran padre; él tuvo dos hijas en un matrimonio anterior a las cuales adoraba también.
Y si de mi carrera artística se trata, mi mayor logro es haber tenido tanto éxito, haber sido la mejor intérprete de Alberto, y que el público de todas partes me haya otorgado su reconocimiento y su cariño; por todo eso le doy gracias a la vida.
La crítica fue siempre muy favorable; por ejemplo, el crítico de la revista Bohemia, Francisco Vergara, me llamaba “la gacela de nuestros ritmos”, y me decía “Son Son Sonia”.

Si pudieras echar el tiempo atrás, ¿que harías diferente?

Si se echara el tiempo atrás…, yo haría lo mismo que he hecho…
Francamente, nunca miro hacia atrás, y si alguien me ha querido hacer algún daño en mi carrera, pues ni me he enterado.

¿Qué ha sido el exilio para ti, una experiencia enriquecedora, en la que has crecido como ser humano y artista, o un paso atrás en tu carrera y en tu vida?

Yo todo lo que he hecho en mi vida es bailar –no sé si me puedo explicar–; yo no he cambiado para nada en el exilio, porque donde quiera que yo vaya, donde quiera que yo esté, está Cuba. Cuando yo me expreso bailando, es Cuba la que baila, están mis raíces.

¿Mantienes relaciones cordiales y contactos frecuentes con Alicia y con Fernando?

Con Alicia he tenido poco contacto, pero con Fernando por supuesto que sí; él ha sido el hermano único y muy querido de Alberto.

¿A qué se dedica Sonia Calero en Gainesville actualmente?

En estos momentos sigo dando clases de ballet y de salsa en el Santa Fe College de Gainesville –el centro que nos acogió desde que llegamos a esa ciudad a Alberto y mí–, donde Alberto pudo hacer un gran trabajo, apoyado por Alora Hayne, la directora del departamento de Artes, que incluye danza en general, música, teatro y pintura. Recientemente hice una coreografía para los estudiantes más avanzados, y también bailé en una función preinaugural del nuevo teatro del College, que es fabuloso. La inauguración del teatro va a ser en septiembre, con un gran espectáculo, donde se va a bailar el pas de deux de Carmen y Don José del ballet Carmen, con la participación del gran bailarín cubano José Manuel Carreño.

¿Cómo te gusta que te recuerden?

Que me recuerden como una bailarina cubana en toda su expresión, con su modo de caminar y de moverse.

Domingo 8 de mayo del 2011, Día de
las Madres para los cubanos

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